Las gafas violetas

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Todo aquel, hombre o mujer, que se pone las gafas violetas una vez sabe ya que nada será igual y que tú no volverás a ser la misma. Marcan un antes y un después en tu vida y en tu evolución como persona. Todos nacemos con las gafas violetas puestas, de hecho el término no debería ser ‘ponerse las gafas violetas’ sino algo más como ‘reencontrar nuestras gafas violetas’ porque es con el aprendizaje y el desarrollo cuando las perdemos, pero nacer, nacemos todos sin prejuicios ni discriminaciones por sexo o color (la religión ni la nombro porque todos nacemos sin ella). Es después cuando empieza el machismo, el racismo (y la religión). Y ese ‘después’ puede convertirse en un ‘para siempre’ o puede resultar en un ‘hasta aquí hemos llegao’.

Encontrar tus gafas violetas no es cosa de un día, de “ah, míralas, si estaban aquí”, te las pones y solucionado. No. Es un proceso muy largo que nunca sabes decir exactamente cuándo empezó, y del que sólo consciente cuando tienes ya las gafas forjadas a ti. Ahí, ya sabes que nunca más podrás volver a quitártelas ni queriendo.

Dependiendo de cada persona, de sus vivencias y de su educación, las gafas violetas de cada una acaban más o menos escondidas. En mi caso, quizás lo tuve más fácil porque nací en una familia de hippies comunistas, uno de ésos a los que Esperanza Aguirre teme porque quieren acabar con la democracia occidental tal y como la conocemos; por eso creo que mi “darme cuenta” tiene menos mérito que el “darse cuenta” de un hombre blanco heterosexual nacido en un entorno conservador y machista, porque sus gafas violetas estaban a tomar por el culo de lejos.

Por ejemplo, recuerdo cuando en el colegio nos enseñaron a buscar palabras en el diccionario. El orden alfabético de la primera letra de la palabra, de la segunda, de la tercera… Todo estaba perfectamente pensado para que todas las palabras existentes en nuestro idioma ocuparan un lugar exacto en el diccionario, ni antes ni después. Pero entonces me di cuenta de algo que algo me chirriaba y le pregunté a mi maestra: “Por qué “negrero” va antes de “negra”? La ‘a’ va antes de la ‘o’ y de la ‘e’, ¿no?”, “por qué negra aparece más abajo, y además después de negro: “negro, -a”? La respuesta exacta no la recuerdo pero fue algo como “porque se generaliza”. No entendí muy bien, así que cuando mi padre me fue a recoger al cole, le dije: “el diccionario pone antes la ‘o’ que la ‘a’ y la ‘a’ va antes, de hecho la ‘a’ es la primera”. Sí, yo era esa niña repelente que seguro habéis tenido como compañera en muchas ocasiones, de ésas que no quiere hablar muy alto por si está equivocada, pero que como sospeche mínimamente que puede tener razón, va repitiendo la cantinela sutilmente siempre que encuentra un hueco, fingiendo no estar obsesionada con su nueva meta vital. En mi caso mi nueva meta vital era demostrar que el diccionario tenía un “error” del que nadie parecía haberse percatado. Obviamente ni siquiera me había planteado si era una cuestión de género, por lo que lo consideré un simple ‘error’. Aún era demasiado pequeña para ver cómo el propio lenguaje nos anula, de cómo de forma sibilina, desde pequeñas nos enseñan que lo femenino no es tan importante como lo masculino, y que debe ir detrás.

Mi padre, que es de ésos que nunca me contestó con un “porque sí” para que me callara, aunque por su cara a veces yo sabía que era lo que más le apetecía, me dijo: “ponen el masculino antes aunque el femenino, alfabéticamente, vaya después; y, como esto, vas a encontrar muchas cosas más, como por ejemplo que la infanta Elena a pesar de ser mayor que el príncipe Felipe, nunca reinará por ser mujer, y reinará Felipe, porque es hombre”.

Toma ya. De repente todo el asunto me jodía mucho más. Yo sabía que en casa la realeza no era bien recibida, así que me encontré con un debate interno muy extraño, porque de repente me parecía una injusticia tremenda que reinara un hombre que había llegado el último en detrimento de una mujer sólo porque era mujer, pero por otro lado me parecía también injusto que reinara ella sólo por haber nacido en esa familia. Era demasiado pequeña para analizar todo eso correctamente, pero la historia me dejó tan mosqueada que aún a día de hoy la recuerdo. Ahora bien, ¿qué hay de todos los niños que habrán preguntado a sus padres por el orden de las palabras cuando aprendieron a buscarlas en el diccionario y se les ha respondido con un “porque es así y ya está”? No puedo negar que las personas hoy feministas que ayer tuvieron respuestas como ésa, tienen toda mi admiración.

Tus padres y tu entorno más cercano hacen que tus gafas violetas hayan ido a parar más o menos lejos, es cierto, pero una vez que eres adulto, no puedes culpar enteramente a tu educación y situación personal de que vas a morir de viejo sin haberte siquiera planteado que algo no cuadra en tu sociedad y que tú estás contribuyendo activamente a ese descuadre.

Aun así, soy machista. Y mi padre es machista en según qué comentarios muy sutiles. Y mi madre. Nadie está libre de machismo (tampoco de racismo). Pero cada día un poco menos, o eso intento. Aquí no se trata de ver quién es más machista que cuál, sino de quiénes estamos dispuestos a observarnos, a darnos cuenta de nuestras conductas o pensamientos y a hacer autocrítica para modificarlos.

En mi opinión, no se trata de colgar de la plaza del pueblo al machista tanto como de reprobar al negacionista. Machistas somos todos y poco a poco esto cambiará, a los que estamos dispuestos a seguir observándonos para desprendernos de nuestras actitudes sexistas, ya bastante tenemos con lo nuestro y nadie tiene autoridad moral para reprobarnos nada, pero siento no tener piedad con el negacionista de violencia de género, con el que intenta igualar el genocidio feminista con casos puntuales de hombres asesinados, con el hombre blanco de clase media heterosexual que encima se hace la víctima, con el que acosa a la mujer feminista e intenta ridiculizar al hombre feminista, con el que nunca saldrá de la caverna por decisión propia, porque está mejor rodeado de privilegios o/y porque le asusta el empoderamiento de la mujer. A ésos, me vais a perdonar, no los quiero a mi lado.

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12 Comments

  1. ¿Perdonarte por no quere a gente así a tu lado? No hay nada que perdonar. Si acaso, yo los mandaba a todos juntos a un ghetto para que solo se relacionen entre ellos y no puedan hacer daño a nadie.

  2. Tu elocuencia y tus palabras bien colocadas, nos van haciendo poco a poco salir de ese machismo. Gracias por tu labor educacional. Estoy feliz de haberte encontrado en el amplio mundo virtual. Gracias.

  3. Una vez leí que “el lenguaje crea realidades”. Sobre el sexismo del lenguaje siempre tuve mis dudas, pero teniendo en cuenta que venimos de donde venimos y que los académicos eran los que eran… En fin, otra cosa más que también habrá que superar entre todos. Gran entrada, como siempre.
    Quería sugerirte un tema, si no te molesta y aunque no venga a cuento, que hablaras en alguna entrada del acoso escolar. A mí es algo que me parece terrible porque marca a fuego para toda la vida a la niña o al niño que lo sufre. Creo que también podemos hacer mucho más como sociedad. Ya que tú dispones de buena voz y lo cuentas muy bien, si algún día quieres y puedes… Gracias. 🙂

  4. Estimada compañera de batalla:
    Creo que has hilado fino en tu discurso sobre las gafas violeta pero, en los estrictos términos de una sana crítica, has errado en el último párrafo de conclusiones. Al igual que hay puertas que se abren en dos direcciones, el machismo impone roles a los dos sexos. El hombre por el hecho de serlo tiene que cumplir un canon o si no es un afeminado o un maricón (evidentemente, el machismo es eminentemente heterosexual).

    ¿Ha dónde quiero llegar? Que no se puede banalizar para nada la violencia en la pareja en ningún sentido. Hasta hace poco, a la mujer se la tomaba por loca cuando quería denunciar a su pareja por maltrato o se le hacía un juicio paralelo cuando denunciaba una violación y acaba siendo ella la culpable. Pero en la actualidad continúa el estigma social del hombre. En el mejor de los casos te preguntan cómo un tio hecho y derecho se amedrenta de una mujer.

    Si bien es cierto que estadísticamente en criminología (justifican los psiquiatras por la diferencia hormonal) los hombres tienden más a la violencia física y las mujeres a la psicológica (que por cierto, tradicionalmente los jueces en España han banalizado los daños psicológicos en general) o las muertes sutiles (veneno) no es razón para ignorar estas situaciones.

    Ignorar estos casos es un flaco favor a nuestra causa porque refuerza la posición del machista y porque no atajar el problema desde los dos frentes es no solucionar nada.

  5. Hola Barbi:
    Soy una chica que te lee desde hace tiempo, y me gusta mucho como escribes, tu forma de decir las cosas y de hacer sentir que hay personas que aún merecen la pena. Pero últimamente cada vez que escribes sobre el tema del machismo me enfado muchísimo, y no por ti, sino porque no entiendo a la gente que no te entiende. He tenido la suerte de crecer en una familia más o menos como la tuya, tengo un hermano y mis padres nunca han hecho distinción entre nosotros, en casa (cuando vivíamos juntos) he vivido en una ambiente con bastante igualdad. En general en mi familia tampoco, lo típico de los abuelos, que tienen una mentalidad que por mucho que quieras y que ellos te quieran a ti, no coincidirá con la tuya. Aún así, nunca he vivido preocupándome pensando que mi entorno era machista ahora por el contrario, cada vez que te leo me doy cuenta de muchas cosas, como por ejemplo las obligaciones que tiene una mujer en casa sólo por ser mujer. Me frustra muchísimo que la gente, y sobre todo la gente joven, no sea capaz de ver el problema, porque lo es. El machismo esta en cada día, y en esas pequeñas cosas que negamos y que no hacemos nada por cambiar. Sólo por ser una mujer ya te tratan de menos, en sentido físico e intelectual. Si vas a un bar a ver el fútbol porque te gusta, además de tener que soportar que te miren como si fueras comestible, notas como te miran como si no tuvieras ni idea de que ves, o aún peor, que has ido a pasearte por delante de ellos porque eso es lugar de hombres y buscas que te babeen. Si contestas a cualquier cosa que te digan (porque parece que es tu obligación estar calladita, sonriendo y agradecida de que te digan cualquier piropo), te tocará aguantar que eres una borde, desagradecida e intentarán descalificarte. Bueno, que te voy a contar a ti que eres la que me ha acercado mis gafas moradas. Y por eso te escribo, para darte las gracias a pesar de los miles de “cabreos” que tengo desde que las llevo y cada vez que intento hablar con alguien del tema, y para animarte a que sigas así y le abras los ojos a mucha gente, aunque también te cueste lo tuyo y te digan de todo por lo que escribes, hay otras muchas personas que te agradecemos lo que haces y que luches de la forma en que lo haces por lo que crees. Gracias Barbi.

  6. Hola Barbi, yo también agradezco tus entradas aquí. Estoy completamente de acuerdo contigo y con Momo. Pero hay que decir que poco a poco se cambia la cosa, y yo estoy haciendo mi parte, como cada vez que un conocido comenta en lo típico de una mujer/hombre, les presento con un ejemplo de como son los dos iguales. Yo quiero pensar que he reencontrado mis gafas violetas, pero desde ya hace años. Creo que la respuesta es demostrar que el pensamiento es flexible, entonces si pienses una cosa, pues fácilmente puedes pensar otra. En mi opinión, el problema suele ser con las “creencias” y no solo de religión. La gente piensa, o más bien, cree que SABEN algo, y entonces es verdad, en vez de cuestionar las cosas para ver si lo que piensa/cree es la realidad.

    (Espero que lo que he puesto tiene sentido porque español no es mi primer idioma.)

  7. Hace poco encontré mis gafas violetas, y no pensé que fuera a ver el mundo tan diferente. Pero así es. Y no sé como llevarlo.
    No recuerdo el momento del descubrimiento, pero lo que sé es que nada ha vuelto a ser igual.
    Tengo 16 años. Nadie de mi alrededor comprende las palabras que ahora salen solas de mí.
    Yo tampoco consigo comprender como pueden decir tantas barbaridades.

  8. Hay una parte del machismo (aunque realmente, no sé a ciencia cierta si se puede considerar como tal), que a casi todas las mujeres os gusta, y no es más que esa que se da por llamar galantería, y que hoy en día, muchos chavales jóvenes tienen bastante olvidada.
    Hace algún tiempo, yendo con una amiga por la calle, le insté a ir por la parte interior de la acera, y ella preguntó por qué…
    -Porque si pasara un coche suficientemente cerca como para atropellarte, en lugar de hacerlo contigo, me llevará a mí por delante -respondí.

    Ojoplática, se quedó.

    Al llegar al coche, no dejé que ella abriese la puerta, obviamente, sino que me acerqué a su puerta, se la abrí, esperé a que se sentara, y la cerré.
    Más ojoplática aún.
    Y así continué hasta que en un momento dado, a mitad de la cena, me preguntó si estaba tratando de impresionarla…
    -No, no te quiero impresionar. Lo que pasa es que en el fondo soy algo machista y creo que las mujeres tienen que ser tratadas con todo el cariño y la galantería del mundo.

  9. De acuerdo con todo menos con el final:
    Yo conozco MUCHOs mas casos de hombres maltratados que de mujeres(en mi familia hay al menos 3), que por diferencias de caracteres entre hombre y mujer el hombre maltratado acabe menos a menudo muerto y mas a menudo hecho un guiñapo pusilanime en casa no lo hace menos tragico y es muy triste que si alguno encima lo comenta sea motivo de burla. Los hombres maltratados son MUCHOS y la mayoria ni lo sabe.

  10. Ole .ole, te agradezco que digas lo q siento y no se decir!!! me regalas tus palabras.

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