Calmada certidumbre la de estar rota

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La certeza que da la verdadera tristeza…
Seguridad de que mañana no se habrá ido.
En la vorágine de mi caos,
agradezco de veras
la estabilidad de mi pena.

De saberme triste,
de saber que mañana no será aventura
sino más pena.
El sonido familiar del quebranto,
de sentir que me parto
-y me partiré-
en mil trozos.
Cada vez una muesca,
cada día una grieta.

Calmada certidumbre la de estar rota.
De saber que amaneceré mañana
sin más novedad que la de un nuevo quejido,
que no tendré que hacer más frente que frente al dolor,
conocido y amaestrado.
Saberme en pedazos, hoy,
mañana, la semana que viene.

Y mientras me hago las trenzas,
más calma, más pena,
más estabilidad apartando al caos,
más orden en este desconcierto.

Y mientras ato los cordones de mis botas de bruja,
la calma chicha de la nostalgia,
eterna e inmutable,
habitúa a mis entrañas a que esto es lo que hay.

Tranquilizadora certeza la de de estar rota.
Me inunda la pena, y pone a raya la vida,
y se mezclan por colores y sabores
las muertes de las pequeñas cosas.

Bienvenida la paz de lo inerte.
Que me mece las neuras,
que me duerme en brazos negros,
que me atenaza las pasiones
y reverbera
-sin tronarme-
la caja torácica,
la pena, más pena.
De hoy, de mañana, de la semana que viene.

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