Dependiendo

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Dependiendo de cómo lo miraras, sus labios parecían curvarse en una sonrisa honesta o en una mueca de dolorosa indiferencia. Su mirada se te podía antojar reflexiva o lacerante. Dependiendo desde dónde lo observaras, parecía ir a por ti o alejarse, estar vivo o a punto de morir. Dependiendo de cuánto tiempo te recrearas en sus gestos creías que te necesitaba o te detestaba, que te oía o fantaseaba. Dependiendo del prisma que seleccionaras, sus palabras sanaban o dolían, y sus pasos sonaban a despedidas definitivas o a breves y soportables ausencias.

Y para que aquel tipo no te doliera más, para que no te rompiera cada día esquemas y fibras, decidiste situarte cada vez en el rincón que mejor te conviniera, interpretando su ser y estar siempre de forma que, cada día, pareciera tu fiel amante y no sólo un coincidente que quizás nunca se aprendió bien tu nombre.

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5 Comments

  1. El texto duele un poco, araña mucho.
    ¡Bendito rincón para la arrinconada herida!
    Me voy a quitar el sombrero.

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