Planeta Lilaverdía

Serendipia es cuando escribes un poemario infantil para un concurso literario y te contacta al poco una editorial de literatura infantil por si quieres publicar algo con ellos. Creo que nunca hubieran pensado que lo que yo les mandaría sería algo como El Planeta Lilaverdía. De hecho, casi no se lo mando. Dije que no podía publicar una novela con ellos en ese momento porque ya estaba escribiendo una para otra editorial (con la que os bombardearé llegado el momento, perdón por adelantado). Pero ya me habían dicho que estaban especializados en literatura infantil. Y yo tenía un poemario listo para sacar en concursos. ¿Y si les gustaba? Y me armé de valor. Y le escribí al editor: “Espera. Te voy a mandar una cosa”.

Participo en muchos concursos para ganarme un dinerillo extra. Lo hago sin mucho corazón, la verdad, no es que me broten las historias y las escriba para luego concursar con ellas. Más bien cojo las bases de los concursos y leo lo que piden. “Relato corto. 400 palabras. Temática: ciencia ficción”. Pienso un rato y escribo algo. A veces resulta y a veces no.

Pero los concursos de literatura infantil me pirran. Nada me parece que tenga más magia que un cuento para niños. El hecho de que en las bases del concurso se pidiera además que fuera en verso, suponía una motivación extra. No vemos mucho que se fomente la lectura de poesía en niños. Así que, como no sentía mucha responsabilidad porque nadie excepto un par de personas de un jurado iba a leerlo, me senté a escribir.

Escuché hace poco en Carne Cruda a Rosa Montero hablar sobre la autora de Harry Potter que, al parecer, tuvo que quedarse un año en cama después de escribir uno de sus libros, por todas las emociones encontradas que le supuso salir del mundo que ella misma había creado. Yo no he estado un año en cama después de Lilaverdía pero es que yo tampoco soy JK Rowling. Sin embargo cuando acabé el poemario no quise enviarlo a ningún concurso. ¿Por qué iba a hacer eso? ¿En manos de quién iba a caer? ¿Los personajes ya no serían míos?

A la editorial le gustó mucho Lilaverdía y en dos semanas ya estaba todo listo para sacarlo a la luz. “A ver cómo vendes un libro con esos cuernos y ese nombre”, me dijo mi madre. Así que usé otro seudónimo para este libro… Error. Casi todos los ejemplares vendidos en la preventa (que acaba el 14 de este mes) que irán dedicados y firmados, llevan el mismo comentario en la compra: “el mío que lo firme como Barbijaputa”.

Bueno, siempre podéis decirle a vuestros hijos que la ‘japuta’ es un pez.

Hasta el día 14 sólo se podrán comprar en la web de Editorial Origami e irán todos dedicados y firmados. A partir de entonces, en las librerías. Os pongo uno de los poemas del libro, que ha ilustrado así de bonito Julia D. Velázquez. Se llama ‘El país azulimón’, que cae por algún sitio del Planeta Lilaverdía, claro. =P

 

 

 

El país Azulimón

Nunca has estado,

nunca lo viste

pero ahí está, eso seguro,

¡Azulimón existe!

 

Un país lejos de todo,

un país cerca de nada

pintado siempre de azul,

de limón y de naranja.

 

Farolas celestes, bombillas de plata,

mascotas rebeldes con nata en las patas,

barquitos merengues siempre en la playa,

ciudades endebles con forma de tarta.

 

Nunca has estado,

nunca lo viste

pero ahí está, eso seguro,

¡Azulimón existe!

 

 

 

 

Va por ti, bicho.

2 Comments

  1. Me encanta, yo no he leído poesía nada más que ocasionalmente pero este libro se lo regalaré a mi nieta. Espero que le guste sólo la 1/4 parte a que a mi la chica miedosa…

    Gracias Barbi

  2. No sé nada de tí y de momento no me interesa, pero… lo primero que veo está mal, Serendípia no es eso que dices, pero seguro que le gusta a tus adoradores. Que te vaya bien, o no, o lo que sea. Un beso
    PD: Me escondo en un perfil falso, como tú.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *